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El inicio de una reforma agraria

El inicio de una reforma agraria para resolver la cuestión nacional

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Publicado el 11 de Septiembre de 2011, por Federico Bernal
editorial@cienciayenergia.com  / Twitter: @FBernalH  

El universo rural argentino está dejando de ser un ‘campo’ para pocos para convertirse en instrumento del desarrollo socioeconómico nacional y de la acumulación de capital que posibilite el despegue de nuestras fuerzas productivas.
Los altos precios internacionales de los granos y la creciente demanda asiática implican una magnífica oportunidad para nuestro país. Pero a diferencia de fines del siglo XIX y comienzos del XX donde el boom de la demanda europea de alimentos fue explotado y atesorado por una élite minúscula y reaccionaria, en la Argentina del Bicentenario la riqueza se redistribuye y el “campo” es progresivamente alineado a un modelo industrialista y socialmente justo. La producción rural dejó de ser sinónimo de vacas y granos, y más importante aún, de unos pocos vendedores y de los mismos compradores externos de siempre. Se entienden así las notables ausencias de la Sociedad Rural Argentina y CARBAP durante la presentación de los avances y las proyecciones del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEAA), presentación a cargo de la primera mandataria. Y es que el “campo” desregulado y reaccionario, latifundista, atrasado y concentrado, que además “planifica” su “producción” a espaldas del país y en detrimento de su pueblo, ese mismo “campo” ha recibido una dura estocada con el PEAA. ¿Por qué? Porque su producción gana en diversificación, modernización e industrialización. Brotan PyMEs por doquier que obrerizan al trabajador rural, mientras surgen nuevas y más cooperativas al amparo del apoyo estatal. Porque se consolidan los cultivos y las actividades productivas tradicionales, a la vez que se prioriza el mercado interno a la hora de definir y otorgar cupos exportables. En fin, el universo rural argentino está dejando de ser un “campo” para pocos para convertirse en instrumento fundamental del desarrollo socioeconómico nacional y de la acumulación de capital que posibilite el despegue definitivo de nuestras fuerzas productivas. Pero el PEAA no está solo, sino que forma parte de un paquete de normas, acciones y marcos regulatorios tendientes a industrializar y nacionalizar la ruralidad: las retenciones a las exportaciones, el Fondo Solidario de la Soja, la Ley de Arrendamientos, el Plan Federal de carnes, un cooperativismo y un pequeño empresariado nacional crecientemente protagónico en la producción −comercialización interna y externa−, la Ley de Tierras en danza y los proyectos sobre una mayor participación del Estado en el control de la producción −exportación de productos y subproductos agrícolas y agro-industriales−. Tiemblan las mentes que como la de Biolcati razonan: “Hace 200 años discutíamos decisiones fundamentales: ser españoles o ingleses” (discurso de julio del año pasado). Tiemblan, porque ante una nueva disyuntiva como la de 1810, la argentinidad avanza y se consolida.

ASCENSO Y DEBACLE DE LA ARGENTINA “GRANERO DEL MUNDO”. A lo largo de 200 años de historia y cuyo balance fue netamente desfavorable a las fuerzas nacionales, la Argentina nunca alcanzó estatus de país o potencia agraria ni agroindustrial. Derrotado el Plan de Operaciones, el “granero del mundo” comenzó a germinar con fuerza irrefrenable. En 1812, el Triunvirato decretaba libre de derechos a la exportación de carnes, a la vez que fijaba un impuesto del 20% a la que se consumiese en el mercado interno. Frente al lema “la pampa y las vacas para todos”, dice Juan Álvarez en su excelente libro Las Guerras Civiles Argentinas, se alzó el derecho de la propiedad individual. La historia prosigue con el decreto sobre la “vagancia” de 1815, mediante el cual todo individuo de la campaña que no fuese propietario sería considerado sirviente y quedaba obligado a reconocer un patrón. Vinieron luego la Ley de Enfiteusis, el empréstito de la Baring, la derrota de Pavón, “civilización y barbarie” y la Guerra del Paraguay. La oligarquía había triunfado. Librecambismo, desplazamiento de cultivos por la ganadería, labradores empobrecidos, destrucción de las industrias territoriales, latifundismo y apropiación de la riqueza aduanera por parte de una élite comercial y ganadera. Así hasta 1930, cuando el modelo comenzó a tambalear, y más tarde entre 1945-55 cuando fue abruptamente interrumpido. Pero a partir de 1955 y hasta el 2003 –con la solitaria excepción de 1973 y la Ley de Comercialización de granos y otros productos agrícolas de Horacio Giberti– la Argentina retomó sus ínfulas de granero del mundo. No obstante y desde 2008 a esta parte, la ruralidad comienza a ser revolucionada en sus cimientos.
 
¡AHORA ELLOS SON AGROINDUSTRIALES! Héctor Huergo, plumífero del diario Clarín y empresario fundamentalista del eje sojero Rosario-Córdoba, dedicó un interesante artículo a la presentación del PEAA. En él, argumentó algo así como que el modelo de la oligarquía argentina fue siempre agroindustrial. Pues bien, vamos a recordarle al autor cuál fue el modelo de la Argentina agro-exportadora. Para evitar reproches de subjetividad, le responde el Dr. Mariano Grondona: “Durante el milagro argentino (1880-1930), la Argentina fue culturalmente francesa, alemana en su ejército, inglesa en su Marina, demográficamente española e italiana, y nuevamente inglesa en su estilo, en el campo y en el comercio, así como victoriana en sus valores éticos y romana en su tradición religiosa.
Fuente: http://tiempo.elargentino.com/notas/inicio-de-una-reforma-agraria-para-resolver-cuestion-nacional

Dejando que el gaucho quedara en el fondo de su alma como un fiscal insobornable, la Argentina sería Europa en América […], proyecto inspirado en la Constitución de 1853”. Con el PEAA y el paquete de industrialización y nacionalización de la ruralidad, el “campo” dejó de ser inglés y la Argentina se aleja cada vez más de la decadente Europa. Volvamos a Huergo, porque lo más interesante está por venir. Refiriéndose a las metas de agregado de valor a todas las cadenas productivas previstas en el PEAA, nos advierte: “Pasar de maíz a pollo significa una enorme inversión. De pollo a alitas, mucho más. De soja a cerdo, lo mismo. Y la realidad de los últimos años es que, a mayor avance en la cadena de valor, mayor la presión gubernamental por el control de precios internos vía freno a las exportaciones. Ahí es donde, se sospecha, naufragarán las ilusiones generadas por un discurso que indudablemente sacudió al agro. Difícil imaginar un aumento de la producción de 100 a 160 millones de toneladas, si se mantiene el modelo de restricción de los embarques que conduce con mortífera eficiencia el secretario de Comercio Guillermo Moreno. Una contradicción que está subrayada por fuertes trazos de evidencias” (Clarín – 7/9/2011). Esto que el plumífero y empresario sojero ve como una contradicción, no es más que la eficiente aplicación (¡gracias Moreno!) del programa nacional y popular en el sector agropecuario.
 
EL INICIO DE UNA REFORMA AGRARIA EN LA ARGENTINA. Sólo con la estatización, la democratización y la modernización del sector agrario las naciones hoy desarrolladas de la Europa occidental y las de la periferia pudieron poner término al feudalismo (las primeras) y al capitalismo pastoril y mercantilista (las segundas) para pasar a un capitalismo industrial. El agro fue industrializado a la vez que subordinado al desarrollo de un capitalismo autóctono y moderno. No otra cosa está sucediendo en la Argentina, donde el paquete de industrialización y nacionalización de la ruralidad, citado en la introducción, comienza a revolucionar al sector agrario, alejándolo del “campo” del milagro argentino grondonista. Huergo, la SRA y CARBAP saben muy bien que las metas fijadas por el PEAA implican un sector agropecuario y agroindustrial crecientemente estatizado y argentinizado. Esto es, un Estado con mayor protagonismo en materia de agente contralor, inversor y empresario, tanto a nivel producción como en la comercialización (ambas bajo un esquema mixto, cooperativista o bien netamente estatal). En suma, el PEAA y demás iniciativas están nacionalizando las ventajas comparativas y competitivas del país, ventajas hasta hace muy poco en manos de la Argentina del Centenario, fuente de su poderío y supervivencia, causa estructural del atraso nacional. En plena crisis internacional, cuando los presuntos civilizados se contraen a más no poder y muy pocos se lanzan a las grandes obras, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no sólo apuesta a la profundización del desarrollo agroalimentario y agroindustrial del país, sino que da inicio a una reforma agraria en la Argentina, pieza clave de nuestra irresuelta cuestión nacional.
Fuente: http://tiempo.elargentino.com/notas/inicio-de-una-reforma-agraria-para-resolver-cuestion-nacional

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22/10/2011 (721)        compartir en facebook compartir en twitter compartir en Whatsapp



 


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