
Esa información fue reforzada por una fuente humana cercana a Maduro y
por el uso de drones furtivos que sobrevolaron la ciudad. El nivel de
conocimiento era extremadamente preciso, afirmó el general Dan Caine,
jefe del Estado Mayor Conjunto, al explicar que las fuerzas
estadounidenses sabían dónde se movía, qué comía e incluso qué mascotas
tenía. Con esos datos, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales
construyó en Kentucky una réplica a escala real del complejo donde se
alojaba Maduro. Allí, comandos de Delta Force ensayaron repetidamente la
incursión, incluyendo la voladura de puertas de acero y el avance
cronometrado dentro del edificio. El objetivo era reducir al mínimo el
tiempo en el terreno y el riesgo de bajas civiles. La operación quedó
lista días antes, pero su ejecución dependió de dos variables:
condiciones climáticas favorables y la confirmación de que Maduro se
encontraba en el sitio previsto. En las jornadas previas, el mandatario
venezolano se movía entre seis y ocho locaciones distintas, lo que
obligó a los planificadores a esperar hasta último momento. En paralelo,
y según reveló Trump, Maduro intentó evitar la operación con una
propuesta de último momento. El plan ofrecido el 23 de diciembre incluía
el acceso de Estados Unidos al petróleo venezolano y la salida de
Maduro del país rumbo a Turquía. Sin embargo, el mandatario rechazó
finalmente esa alternativa. No era serio, dijo Trump al referirse a esas
conversaciones. Estados Unidos quería ejecutar la operación durante el
período de fiestas, cuando gran parte de los funcionarios del gobierno y
del personal militar venezolano se encontraba de licencia. No obstante,
el mal tiempo retrasó la ejecución del plan por varios días. La orden
definitiva llegó el viernes a las 22:46, luego de que se confirmara la
ventana operativa. El ataque comenzó con una operación cibernética que
cortó el suministro eléctrico en amplias zonas de Caracas, seguida por
bombardeos selectivos contra radares y sistemas de defensa aérea. Más de
150 aeronaves —entre drones, cazas, bombarderos y helicópteros—
despegaron desde bases y buques en la región para despejar el corredor
por el que ingresarían las fuerzas especiales.
A pesar de la
supresión de defensas, los helicópteros estadounidenses recibieron fuego
al aproximarse al complejo militar. Respondimos con fuerza abrumadora,
señaló Caine. Un helicóptero fue alcanzado y varios soldados resultaron
heridos, aunque no hubo bajas fatales del lado estadounidense. Mientras
tanto, Trump seguía el operativo desde Mar-a-Lago, acompañado por sus
principales asesores de seguridad nacional. Las imágenes en tiempo real
llegaban desde una aeronave que sobrevolaba la zona. Lo vi literalmente
como si estuviera mirando un programa de televisión, relató luego el
presidente. Una vez en tierra, los comandos tardaron apenas minutos en
atravesar el edificio. Trump aseguró que Maduro intentó refugiarse en
una habitación reforzada. Era una puerta muy gruesa, muy pesada. Llegó
hasta la puerta, pero no pudo cerrarla, dijo. Cinco minutos después de
ingresar, Delta Force informó que el objetivo estaba bajo custodia.
Maduro y su esposa fueron evacuados en helicóptero y trasladados a un
buque estadounidense en el Caribe, antes de ser llevados a la base naval
de Guantánamo y luego a territorio continental de Estados Unidos.
Aunque la Casa Blanca destacó la precisión del operativo, un alto
funcionario venezolano estimó que al menos 40 personas murieron durante
los ataques iniciales. Trump sostuvo que Estados Unidos estaba preparado
para una segunda fase si fuera necesario y advirtió que otros
dirigentes venezolanos podrían correr la misma suerte.

