
Esto pone fin a la guerra iniciada el pasado 28 de febrero, con el
comienzo de la ofensiva estadounidense e israelí contra la República
Islámica. Sin embargo, ni Israel ni la milicia chiita Hezbolá son
firmantes del acuerdo, por lo que el fin del conflicto en el sur del
Líbano dependerá de la capacidad de Estados Unidos e Irán para influir
en sus respectivos aliados. Eric Quinteros, licenciado en Relaciones
Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), explicó a
Página/12 que los términos del memorándum muestran una posición
favorable para Teherán, ya que varios de los objetivos que Donald Trump
había planteado al inicio de la guerra quedaron fuera del acuerdo o sin
una resolución concreta. En ese sentido, destacó que el programa de
misiles balísticos iraní. “Esto demuestra que Irán ha mantenido una
posición cohesionada, a pesar de los diferentes polos de poder que
componen el proceso de tomas de decisiones a su interior y que en la
mesa de negociaciones ha logrado esta concesión por parte de los Estados
Unidos”, señaló. El académico sostuvo que Estados Unidos tampoco logró
romper los vínculos de Irán con sus aliados regionales, especialmente
con Hezbolá, lo que considera que eso evidencia la capacidad de Teherán
para preservar sus intereses en la mesa de negociación. “Israel termina
siendo el gran actor que queda excluido de este memorándum de
entendimiento, especialmente si se observa el primer punto, que llama al
fin inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano.
Ese territorio ha sido atacado por Israel en los últimos días como una
manera de dejar en claro su posición opuesta a cualquier acuerdo que
pueda surgir entre Estados Unidos e Irán", detalló.
El paso por Ormuz
Tras
la firma del memorándum, Irán se compromete a realizar todos los
esfuerzos necesarios para garantizar el paso seguro y gratuito de buques
mercantes durante 60 días por el estrecho de Ormuz, que mantiene
bloqueado desde el inicio de la guerra, lo que ha provocado
perturbaciones en el suministro global de petróleo. Irán dialogará
además con Omán, país vecino, para definir la futura administración del
estrecho, en consulta con el resto de países del golfo Pérsico. Por su
parte, Estados Unidos comenzará a levantar el bloqueo naval contra los
buques que salen y llegan a puertos iraníes, al que pondrá fin
definitivo en un plazo de 30 días.
Para Quinteros el cierre del
estrecho de Ormuz fue una estrategia efectiva de Irán, permitiéndole
cobrar tasas de paso y trasladar los costos del conflicto al mundo.
Según detalló, Irán aplicó una escalada horizontal: primero atacando a
vecinos regionales vinculados a Israel o Estados Unidos, y luego
cerrando el estrecho, lo que impactó la economía occidental,
especialmente en inflación y precios de combustibles y fertilizantes.
“Irán ha encontrado una forma de presionar, no solamente a Estados
Unidos, sino también que ha presionado a Occidente en su conjunto,
demostrando el valor estratégico que tienen estos nodos de paso a lo
largo del sistema internacional”, subrayó.
Dos meses para un acuerdo definitivo
En
el memorándum, Estados Unidos e Irán se dan un plazo de 60 días para
negociar un acuerdo de paz definitivo, que deberá ser ratificado
mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU. A
la espera del acuerdo final, Estados Unidos e Irán acuerdan “mantener
el statu quo”, de modo que el programa nuclear iraní seguirá vigente y
Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas
adicionales en la región. La Administración de Trump se compromete a
retirar su presencia militar de las proximidades de Irán en un plazo de
30 días una vez firmado el acuerdo definitivo.
El memorándum no
resuelve las disputas sobre el programa nuclear iraní, que Estados
Unidos ha exigido desmantelar, y deja su negociación para el acuerdo
definitivo. En el texto, Irán, que siempre ha sostenido que su programa
nuclear tiene fines pacíficos, reafirma que no adquirirá ni desarrollará
armas nucleares. Además, Washington y Teherán acuerdan negociar un
mecanismo para la destrucción del uranio altamente enriquecido
almacenado en Irán bajo supervisión del Organismo Internacional de
Energía Atómica (OIEA).
The New York Times publicó un editorial en el
que sostiene que Donald Trump perdió la guerra contra Irán porque, tras
cuatro meses de conflicto, no consiguió ninguno de los objetivos que
había presentado como indispensables para declarar una victoria. El
diario estadounidense señaló que el mandatario prometió una “rendición
incondicional” de Teherán y que insinuó un cambio de régimen. Sin
embargo, el hecho de que el gobierno iraní siga en el poder y de que el
acuerdo de paz deje para futuras negociaciones la cuestión nuclear llevó
al medio a concluir que el resultado final se parece mucho al acuerdo
firmado por Barack Obama en 2015, al que el propio Trump había
calificado como “el peor acuerdo de la historia”. Además, argumentó que
la guerra expuso limitaciones de la capacidad militar estadounidense y
deterioró alianzas internacionales.
Levantamiento de sanciones
Como
parte del acuerdo final, Estados Unidos también se compromete a
levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán,
incluidas las del Consejo de Seguridad de la ONU. Estados Unidos
expedirá además licencias para permitir las exportaciones de petróleo
iraní y se compromete a poner a disposición los fondos y activos
congelados de Irán una vez implementado el memorándum de entendimiento.
La Administración de Trump también se compromete a diseñar un plan de
inversión de 300.000 millones de dólares para la “reconstrucción” de
Irán, un asunto que ha generado polémica en Washington, donde el ala
dura del Partido Republicano se opone a la entrega de fondos a Teherán.
“Esto,
obviamente, es un flujo de dinero que a Irán le es muy beneficioso,
teniendo en cuenta que meses anteriores y años atrás su economía se
había visto muy golpeada a la luz de estas sanciones internacionales, y
que esto había traído un descontento generalizado al interior de su
población”, indicó Quinteros a este diario. “Hay que recordar que hasta
diciembre pasado había manifestaciones dentro de Irán, lo que había
generado en Israel, su principal rival regional, la percepción de que
ese país estaba debilitado, no solo por su situación interna, sino
también por su frente externo, especialmente tras la caída del régimen
de Bashar al Assad en Siria. Esa percepción de debilidad fue, en cierta
manera, la que Israel transmitió a Estados Unidos para llevar adelante
esta operación militar”, sostuvo.
“También estamos en un clima
mundialista que lleva a que el mundo esté mirando otras cuestiones, y
Donald Trump, al ser su país organizador de este evento masivo,
millonario e internacional obviamente prefiere un clima de paz”,
consideró Quinteros, quien enfatizó que el aumento del precio de los
combustibles como consecuencia de la guerra es un tema que no gustó
entre la ciudadanía. “E Irán se ve presionado a su interior por las
diferentes capas de poder que lo componen. Todavía hay pujas entre los
sectores más duros que se oponen, de todas maneras, a un acuerdo con los
Estados Unidos”, añadió.

