
Sin embargo, la mora continúa en niveles históricamente altos, especialmente en préstamos personales y tarjetas de crédito, segmentos donde el impacto de la pérdida del poder adquisitivo todavía se hace sentir.El crédito crece, pero también el riesgo. La expansión del financiamiento fue uno de los motores de la recuperación económica durante el último año. No obstante, buena parte de ese crecimiento estuvo impulsado por créditos destinados al consumo, que permitieron sostener gastos cotidianos en un contexto de ingresos reales aún debilitados. Ese proceso derivó en un aumento de la irregularidad de las carteras y obligó a bancos y fintech a reforzar sus políticas de administración del riesgo.Los especialistas sostienen que el fenómeno responde a una transición. La macroeconomía muestra signos de normalización, pero los balances familiares todavía reflejan el impacto de meses de tasas elevadas, salarios rezagados y un mayor costo de vida, factores que afectaron la capacidad de pago de los hogares.

