
La mayoría de las pymes que operan con gas para sus procesos industriales tienen contratado el abastecimiento con distribuidoras, que están obligadas a mantener el servicio domiciliario. Ante un pico de demanda tienen que optar por dar suministro a las casas. Las grandes industrias, como la siderurgia, tienen su propio caño conectado al de los grandes transportadores y por eso no tienen problema. La situación adversa se concentra en las pequeñas empresas, que se nutren de la misma red que el domiciliario. La oferta de gas está compuesta por la producción local de Vaca Muerta y el importado por barcos. El GNL para la industria pasó de unos u$s4 el millón de BTU a u$s24s tras el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Y como el Gobierno nacional se ha corrido absolutamente del rol de administrador de los recursos, las pymes se enfrentan a dos escenarios posibles: pagar el precio internacional imposible o parar la producción. Según indican fuentes del mercado, las distribuidoras estarían indicando a sus clientes pymes que reduzcan el consumo o lleven a cero mientras se atraviesa el pico de frío, lo que puede derivar en una profundización de la caída de la actividad manufacturera.

